Las Emociones

No podemos elegir lo que sentimos. Simplemente lo sentimos. Luego cada uno, según su relación con las emociones, hace algo diferente: intentamos defendernos de lo que sentimos. Justificamos lo que sentimos. Negamos lo que sentimos. Fluimos con lo que sentimos. Escondemos lo que sentimos.

Defendemos lo que sentimos hasta las últimas consecuencias. Nos avergonzamos de lo que sentimos. Existe un sinfín de opciones, pero ¿te preguntaste alguna vez cuál es la fuente de nuestras emociones? ¿Cuál es el propósito de los sentimientos?

En nuestra cultura occidental se alienta una y otra vez a sentir las emociones agradables, pero si no integramos las emociones desagradables, estamos perdiendo la mitad del regalo que viene con nuestra capacidad de sentir.

Nos sentimos afortunados al experimentar lo bonito y nos sentimos infelices cuando experimentamos lo feo. Ninguna de las dos experiencias son definitivas, las experiencias son transitorias. Como dice un viejo proverbio espiritual: Todo pasa. Pero mientras no pasa, hay que pasarlo.

Alentamos a los jóvenes a que descubran la felicidad, pero no les contamos el propósito que tiene la infelicidad. Alentamos a la gente a que esté contenta, pero no hablamos de la sabiduría que hay detrás de la tristeza. Eso resulta en algo más complejo: tener miedo a experimentar el miedo.

Comienza teniendo miedo a sentir las emociones desagradables, como si hubiera algo de malo al sentirlas, y termina teniendo miedo a vivir. Porque vivir implica estar expuesto a una montaña rusa de emociones. Y si no podemos escuchar al miedo cuando nos avisa que estamos en peligro, realmente estamos en peligro.

Dejemos algo en claro: no somos las emociones, pero si no nos animamos a sentirlas, nunca descubriremos nuestra verdadera identidad.

Sentir las emociones no quiere decir que hagamos lo que sentimos. Sentir las emociones es recuperar nuestra relación íntima con la fuente del Universo, Dios, el Ser, el Gran Espíritu o como lo quieras nombrar. Comprender que las emociones son la confirmación de nuestra relación íntima con el cosmos. Comprender que cada uno está sintiendo algo diferente y que cada uno está recibiendo la emoción que necesita para caminar de vuelta a casa. A la casa del Ser.

Las emociones pueden pasar por nuestras luces o por nuestras sombras, pero todas son una guía hacia la fuente de la vida. Si negamos la emoción porque pasa por nuestras zonas dolorosas, o desagradables, estamos perdiendo una oportunidad directa de reparar lo que tenemos para sanar.

Las emociones no necesitan justificación. Se sienten. Por lo general nos asusta tanto, esto de ser seres sensibles, que responsabilizamos a los demás de lo que estamos sintiendo. Por ejemplo: “estoy mal porque estoy contigo” o el otro extremo, “estoy bien porque estoy contigo”. Y aunque sea cierto que la otra persona colabore a favor o en contra de nuestro bienestar, en definitiva somos nosotros los que elegimos estar con ella. Entonces, somos nosotros los que elegimos nuestro malestar.

Ante una situación cualquiera, el sentirnos bien o mal, ya está escrito por nuestra historia de vida. Lo que elegimos hacer con lo que sentimos, es nuestra oportunidad. Las oportunidades no aparecen como queremos, aparecen como necesitamos.

Escuchar la guía de las emociones y responsabilizarte por tus elecciones, te llevará a descubrir el final del camino. Pero además, te hará un gran favor: disfrutar del recorrido.

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