ME SIENTO CULPABLE

“Me siento culpable”.

Cuantas veces nos habremos repetido esta frase. En realidad, cuando la pronunciamos no somos conscientes de que dentro de nosotros existe una “vocecilla interior” que nos dice: “Eres culpable de lo que has hecho y no mereces ser feliz”.

Así que observamos dos personajes  que conviven dentro de nosotros, uno hace le papel de culpable, el otro de culpador, uno es juzgado y otro es el juez que sentencia y condena.
Cada persona funciona según un conjunto de normas morales que varia para cada uno y que depende, entre otras variables,  del grupo social, del lugar y de la época donde hemos nacido, pero son los padres y los educadores los que más influencian en la formación de este conjunto de normas morales que de niños vamos incorporando en su mayoría de manera inconsciente. Freud llamó a esto el “superyo”.
Por poner algún ejemplo, los mismos códigos morales difieren si hemos nacido y nos hemos criado en países católicos o en países musulmanes. En sistemas democráticos o dictatoriales. En familias sobreprotectoras o en familias nutritivas. Si nos hemos educado en colegios religiosos o laicos…etc.  


Todos actuamos según estos códigos morales que hemos ido creando desde la niñez. Y el papel del culpador o juez es el de guardián de ese código y cada vez que nos saltamos alguna de estas normas o las transgredimos salta una señal y esa señal es la culpa.
La cuestión es cuando este sentimiento de culpa  se salta su función de restablecer el equilibrio y se vuelve disfuncional añadiendo más sufrimiento al ya existente. Vamos, que esta sensación la convertimos en un problema más.
¿Dónde hay que poner la atención? En el código y en crear una relación funcional entre el culpado y el culpador.
Desde el adulto maduro necesitamos hacer una revisión de este código y cambiar algunas de sus normas. Y esto lo hacemos teniendo en cuenta que este código no lo hemos creado nosotros conscientemente, sino que lo hemos absorbido de lo que nos decían otros cuando éramos niños.
Así que ponte manos a la obra y piensa en actualizar y enriquecer tus códigos de normas, si lo logras verás que el mecanismo de la culpa funcionará correctamente para restablecer el equilibrio entre este código interior y tu conducta externa y no añadirás  más sufrimiento en tu vida.

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