Tres lecciones de la filosofía china que cambiarán tu vida


No hace falta saber mucho de filosofía para darse cuenta de que la gran mayoría de las enseñanzas de los filósofos que vivieron hacen milenios siguen de actualidad hoy en día. Son universales, universales porque hablan del hombre, de su esencia y deseos y, sobre todo, de cómo ser más
humanos. Asuntos, todos, que van más allá del tiempo y del espacio.



En este post vamos a explorar tres ideas de la filosofía china (Confucio y Mencio) que si bien son de la era antes de Cristo, tienen el potencial para cambiar nuestra vida y la visión que tenemos del mundo.


1. Los grandes logros están hechos de acciones pequeñas



Los pequeños actos que se convierten en hábitos son los que marcarán una diferencia en nuestras vidas. Aquí la filosofía china nos invita a centrarnos en los detalles. A no fijarnos en los grandes objetivos a largo plazo, sino en las acciones del día a día.


La idea es muy sencilla, pero tiene un potencial tan grande que casi resulta mágico. Si quieres correr una carrera de 42 kilómetros, de nada te servirá ponerte en la salida si no te has preparado. En cambio, levantarte un poco más temprano todos los días y correr un par de kilómetros hará que llegues al éxito.



Plantéate objetivos, grandes objetivos inalcanzables y divídelos en otros más pequeños que puedas realizar día a día. No te agobies por el primero, es más, olvídate de él y céntrate en los menores. Con este sistema, un día te darás cuenta de que lograste lo inalcanzable casi sin darte cuenta.


2. Escucha tu corazón a la hora de tomar decisiones.



Hoy en día, sabemos que e corazón es un músculo que se dedica a bombear sangre, pero también sabemos que en nuestra mente hay un rinconcito que se dedica a gestionar las emociones. Escuchar esta parte de cerebro es a lo que se refiere esta idea.



Lo cierto es que en nuestra sociedad actual tratamos de ser lo más razonables posible. Separar cabeza y corazón, pero esto es prácticamente imposible. Piensa que recapacitar sesudamente sobre qué hacer requiere mucho tiempo y que, a pesar de ello, la gran mayoría de nuestras decisiones son espontáneas, así que tienen mucho más de emoción que de razón.



Aceptar que la mayoría de nuestras acciones vienen determinadas por nuestras emociones, nos abrirá las puertas a entendernos mejor y a comprender el porqué de muchos de nuestros sentimientos.


3. Cultiva el cuerpo para cultivar la mente.



También lo dijo Juvenal: Mens sana in corpore sano, y ahora lo ratifica la ciencia. Cuerpo y mente están conectados e interfieren el uno con el otro. Por descontado, la mente controla el cuerpo, pero la psiquiatría y la neurología han demostrado que el cuerpo puede generar sustancias, por ejemplo al hacer ejercicio, que influyen en la mente y en las emociones: las conocidas endorfinas.



La filosofía china nos enseña que debemos obligarnos a hacer ejercicio, forzar nuestro cuerpo y sobre todo nuestra mente, a la acción para evitar el sedentarismo. Si queremos avanzar en la vida, debemos hacerlo primero con nuestro cuerpo.



Estas tres ideas se podrían resumir en los siguiente: crea hábitos y vence la pereza actuando y oblígate a ejercitar el cuerpo que, de seguro, la mente lo seguirá.



Y ahora, una pregunta: ¿qué gran objetivo te gustaría lograr planteándotelo en pasos más pequeños? El mío es una carrera de 42 km.

Aprende cómo usar el poder de tus deseos y pensamientos para lograr lo que quieras.


No hace falta saber mucho de filosofía para darse cuenta de que la gran mayoría de las enseñanzas de los filósofos que vivieron hacen milenios siguen de actualidad hoy en día. Son universales, universales porque hablan del hombre, de su esencia y deseos y, sobre todo, de cómo ser más humanos. Asuntos, todos, que van más allá del tiempo y del espacio.
En este post vamos a explorar tres ideas de la filosofía china (Confucio y Mencio) que si bien son de la era antes de Cristo, tienen el potencial para cambiar nuestra vida y la visión que tenemos del mundo.

1. Los grandes logros están hechos de acciones pequeñas

Los pequeños actos que se convierten en hábitos son los que marcarán una diferencia en nuestras vidas. Aquí la filosofía china nos invita a centrarnos en los detalles. A no fijarnos en los grandes objetivos a largo plazo, sino en las acciones del día a día.
La idea es muy sencilla, pero tiene un potencial tan grande que casi resulta mágico. Si quieres correr una carrera de 10 kilómetros, de nada te servirá ponerte en la salida si no te has preparado. En cambio, levantarte un poco más temprano todos los días y correr un par de kilómetros hará que llegues al éxito.
Plantéate objetivos, grandes objetivos inalcanzables y divídelos en otros más pequeños que puedas realizar día a día. No te agobies por el primero, es más, olvídate de él y céntrate en los menores. Con este sistema, un día te darás cuenta de que lograste lo inalcanzable casi sin darte cuenta.

2. Escucha tu corazón a la hora de tomar decisiones.

Hoy en día, sabemos que e corazón es un músculo que se dedica a bombear sangre, pero también sabemos que en nuestra mente hay un rinconcito que se dedica a gestionar las emociones. Escuchar esta parte de cerebro es a lo que se refiere esta idea.
Lo cierto es que en nuestra sociedad actual tratamos de ser lo más razonables posible. Separar cabeza y corazón, pero esto es prácticamente imposible. Piensa que recapacitar sesudamente sobre qué hacer requiere mucho tiempo y que, a pesar de ello, la gran mayoría de nuestras decisiones son espontáneas, así que tienen mucho más de emoción que de razón.
Aceptar que la mayoría de nuestras acciones vienen determinadas por nuestras emociones, nos abrirá las puertas a entendernos mejor y a comprender el porqué de muchos de nuestros sentimientos.

3. Cultiva el cuerpo para cultivar la mente.

También lo dijo Juvenal: Mens sana in corpore sano, y ahora lo ratifica la ciencia. Cuerpo y mente están conectados e interfieren el uno con el otro. Por descontado, la mente controla el cuerpo, pero la psiquiatría y la neurología han demostrado que el cuerpo puede generar sustancias, por ejemplo al hacer ejercicio, que influyen en la mente y en las emociones: las conocidas endorfinas.
La filosofía china nos enseña que debemos obligarnos a hacer ejercicio, forzar nuestro cuerpo y sobre todo nuestra mente, a la acción para evitar el sedentarismo. Si queremos avanzar en la vida, debemos hacerlo primero con nuestro cuerpo.
Estas tres ideas se podrían resumir en los siguiente: crea hábitos y vence la pereza actuando y oblígate a ejercitar el cuerpo que, de seguro, la mente lo seguirá.
Y ahora, una pregunta: ¿qué gran objetivo te gustaría lograr planteándotelo en pasos más pequeños? El mío es una carrera de 10 km.

Aprende cómo usar el poder de tus deseos y pensamientos para lograr lo que quieras.

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No hace falta saber mucho de filosofía para darse cuenta de que la gran mayoría de las enseñanzas de los filósofos que vivieron hacen milenios siguen de actualidad hoy en día. Son universales, universales porque hablan del hombre, de su esencia y deseos y, sobre todo, de cómo ser más humanos. Asuntos, todos, que van más allá del tiempo y del espacio.
En este post vamos a explorar tres ideas de la filosofía china (Confucio y Mencio) que si bien son de la era antes de Cristo, tienen el potencial para cambiar nuestra vida y la visión que tenemos del mundo.

1. Los grandes logros están hechos de acciones pequeñas

Los pequeños actos que se convierten en hábitos son los que marcarán una diferencia en nuestras vidas. Aquí la filosofía china nos invita a centrarnos en los detalles. A no fijarnos en los grandes objetivos a largo plazo, sino en las acciones del día a día.
La idea es muy sencilla, pero tiene un potencial tan grande que casi resulta mágico. Si quieres correr una carrera de 10 kilómetros, de nada te servirá ponerte en la salida si no te has preparado. En cambio, levantarte un poco más temprano todos los días y correr un par de kilómetros hará que llegues al éxito.
Plantéate objetivos, grandes objetivos inalcanzables y divídelos en otros más pequeños que puedas realizar día a día. No te agobies por el primero, es más, olvídate de él y céntrate en los menores. Con este sistema, un día te darás cuenta de que lograste lo inalcanzable casi sin darte cuenta.

2. Escucha tu corazón a la hora de tomar decisiones.

Hoy en día, sabemos que e corazón es un músculo que se dedica a bombear sangre, pero también sabemos que en nuestra mente hay un rinconcito que se dedica a gestionar las emociones. Escuchar esta parte de cerebro es a lo que se refiere esta idea.
Lo cierto es que en nuestra sociedad actual tratamos de ser lo más razonables posible. Separar cabeza y corazón, pero esto es prácticamente imposible. Piensa que recapacitar sesudamente sobre qué hacer requiere mucho tiempo y que, a pesar de ello, la gran mayoría de nuestras decisiones son espontáneas, así que tienen mucho más de emoción que de razón.
Aceptar que la mayoría de nuestras acciones vienen determinadas por nuestras emociones, nos abrirá las puertas a entendernos mejor y a comprender el porqué de muchos de nuestros sentimientos.

3. Cultiva el cuerpo para cultivar la mente.

También lo dijo Juvenal: Mens sana in corpore sano, y ahora lo ratifica la ciencia. Cuerpo y mente están conectados e interfieren el uno con el otro. Por descontado, la mente controla el cuerpo, pero la psiquiatría y la neurología han demostrado que el cuerpo puede generar sustancias, por ejemplo al hacer ejercicio, que influyen en la mente y en las emociones: las conocidas endorfinas.
La filosofía china nos enseña que debemos obligarnos a hacer ejercicio, forzar nuestro cuerpo y sobre todo nuestra mente, a la acción para evitar el sedentarismo. Si queremos avanzar en la vida, debemos hacerlo primero con nuestro cuerpo.
Estas tres ideas se podrían resumir en los siguiente: crea hábitos y vence la pereza actuando y oblígate a ejercitar el cuerpo que, de seguro, la mente lo seguirá.
Y ahora, una pregunta: ¿qué gran objetivo te gustaría lograr planteándotelo en pasos más pequeños? El mío es una carrera de 10 km.

Aprende cómo usar el poder de tus deseos y pensamientos para lograr lo que quieras.

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